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COMO MEDIR EN CASA LOS NIVELES DE GLUCOSA (AZÚCAR) EN SANGRE


A partir de la década de 1980 fue posible medir la glucosa capilar con una sola gota de sangre en la propia casa y en la actualidad hay métodos que son tan precisos como si la muestra fuera tomada en un laboratorio. 

En el pasado, los ajustes en el tratamiento se hacían en función de los resultados de la glucosa en orina. Este método, que aún se recomienda en algunos casos particulares, refleja en forma indirecta el control de la glucemia en las horas previas al examen; sin embargo, no permite distinguir realmente los niveles de azúcar en el momento preciso de realizar el estudio. 

El empleo de métodos de monitoreo es muy útil para ajustar el esquema de tratamiento y promover un excelente control de la diabetes. 

Medición de la glucosa en sangre capilar 

Para medir la glucosa se hace una picadura en uno de los dedos con una lanceta estéril para obtener una gota de sangre; de preferencia con la ayuda de un instrumento disparador de la misma. Una vez que se obtiene la gota de sangre, se coloca sobre el sitio indicado en una tira reactiva que se inserta en un aparato llamado glucómetro; segundos después —según el caso particular— se puede “leer” el nivel de glucosa con precisión, el cual se muestra en una pantalla. 

Algunos de estos instrumentos tienen memorias con capacidad para guardar los resultados de gran número de pruebas. El procedimiento es muy sencillo, por lo que los niños desde los seis u ocho años de edad aprenden a hacerlo prácticamente solos bajo la supervisión de sus padres. 

Este sistema aplicado, siguiendo cada uno de los pasos en forma correcta, es tan confiable como una prueba de laboratorio. El uso del glucómetro es cada vez más común en los pacientes con diabetes. 

La posibilidad de conocer los niveles de glucosa en sangre ante diferentes situaciones permite una mayor flexibilidad en el tratamiento y más seguridad para quien lo utiliza. En la actualidad hay tal variedad de aparatos en el mercado que no es posible precisar las instrucciones para el uso de cada uno de ellos. 

Causa de errores comunes en la lectura de la medición de glucosa en sangre capilar 

Se leen mal las instrucciones. No se siguen las indicaciones en cuanto a los tiempos para realizar cada procedimiento. No se modifica el código del glucómetro (cuando éste lo requiere) con el de las tiras reactivas. Se emplea una gota insuficiente de sangre. El dedo está sucio o tiene un exceso de alcohol. El glucómetro está sucio o descompuesto. 

Análisis de la glucosa en la orina 

Cuando los niveles de glucosa en la sangre superan los 160 a 180 mg/dL, el riñón es incapaz de reabsorber toda la glucosa que filtró y empieza a eliminarla a través de la orina. 

Medir la glucosa en la orina es un método sencillo, indoloro y económico; sin embargo, es poco exacto, por lo que se emplea muy poco en la práctica cotidiana. No permite identificar bajas de glucosa ni hacer ajustes en las dosis de insulina. Por ello no se recomienda en pacientes que dependen de la insulina. En un adulto que no requiere insulina, el azúcar en orina positiva significa que el control es inadecuado; la glucosuria negativa en ayuno y horas después de la comida principal indica un buen control metabólico. No debe olvidarse que este método no es confiable en pacientes con infecciones urinarias, problemas renales y prostáticos, o cualquier otra causa que afecte el vaciamiento normal de la vejiga. 

¿Cuándo debo medir el nivel de azúcar? 

La respuesta es muy variable y va a depender de la recomendación de su médico. En la persona que no depende de insulina es suficiente la solicitud de determinaciones de glucemia capilar en ayuno una o dos veces por semana y en ocasiones un par de horas después de los alimentos. El beneficio de tomar mediciones de glucosa es mayor conforme pasan los años y existe una mayor dificultad para lograr el control óptimo de la diabetes. 

Una persona que toma dosis muy bajas de medicamentos es disciplinado, se adhiere a las recomendaciones de su médico y tiene un excelente control de la enfermedad, por lo que es posible que no requiera un monitoreo de la glucosa. 

Lo ideal para una persona con diabetes insulinodependiente que se inyecta insulina por lo menos tres veces al día consiste en medir la glucemia capilar mínimo tres veces al día. La dosis de insulina se ajustará en función de los resultados. 

En las personas con un manejo intensivo es conveniente tomar lecturas antes de cada alimento, antes de acostarse y en ocasiones dos horas después de los alimentos. También pueden solicitarse lecturas en la madrugada (2 a.m.), cuando no hay explicación para tener niveles muy elevados o muy bajos de glucosa antes del desayuno. 

En caso de que la persona con diabetes insulinodependiente no tenga suficientes recursos económicos, se le puede sugerir la toma de determinaciones tres días seguidos en un mes, antes de cada uno de los alimentos y en ocasiones dos horas después de ellos, así como comentar con su médico dichos resultados, con el fin de hacer ajustes en su tratamiento. 

Se debe insistir en realizar el monitoreo en días de enfermedad. Se debe hacer hincapié en que la importancia del monitoreo radica en utilizar esta información para lograr un mejor control de la diabetes. 

Las múltiples lecturas con niveles elevados de azúcar, sin que esto propicie cambios en el plan de alimentación, ejercicio o tratamiento médico, obligan a replantearse la utilidad de dichas lecturas. 

Análisis de hemoglobina glucosilada 

En una persona con diabetes los niveles de glucosa en sangre fluctúan constantemente. En la variante insulinodependiente los valores pueden variar hasta 300 mg/dL de un momento del día a otro y, claro está, de un día a otro. 

En la diabetes del adulto no dependiente de insulina los niveles suelen ser más estables y reproducibles de un día a otro, pero varían según el apego a las recomendaciones dietarias. 

La hemoglobina es un constituyente de los glóbulos rojos que circulan por la sangre. Las células se recambian cada dos o tres meses por otras nuevas. 

La glucosa se adhiere a la hemoglobina en relación con la cantidad promedio de azúcar que circula en nuestro cuerpo día con día. De esta forma, la medición de la cantidad de glucosa unida a la hemoglobina, o hemoglobina glucosilada, permite establecer el control promedio de la glucosa en los últimos tres meses. Puede hacerse con una gota de sangre capilar o con una muestra de sangre venosa. Es recomendable precisar si el laboratorio donde se va a solicitar el estudio tiene un buen control de calidad y cuáles son los valores normales de referencia, pues éstos varían según el tipo de ensayo que se utilice, en especial si se mide hemoglobina glucosilada total o sólo la fracción A1c. 

La frecuencia con la cual debe realizarse este análisis dependerá de su médico. En una persona con diabetes tipo 1 puede solicitarse cada tres o seis meses, mientras en alguien que no depende de insulina y tiene un control estable puede solicitarse cada 6 a 12 meses, con el fin de disminuir los costos. 

El examen debe correlacionarse con los estudios de vigilancia ambulatoria en casa y con otros parámetros clínicos y de laboratorio. 

Registro de resultados 

Es muy importante guardar el registro con los resultados de sus pruebas. Esto será de gran ayuda para usted y su médico para el ajuste del tratamiento, así como para identificar posibles problemas que dificultan el control deseado. El registro de los resultados ayuda a entender dónde está actuando más la insulina, dónde hay más riesgo de bajas de azúcar, si existen problemas a ciertas horas del día por exceso de comida y si son necesarias las colaciones y a qué horas. 

Con base en indicaciones precisas de su médico, algunos pacientes hacen ajustes diarios en sus dosis de insulina.

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EL CONSUMO DE ALCOHOL EN PERSONAS DIABÉTICAS


Consumo de alcohol: 
¿Las personas con diabetes pueden consumir bebidas alcohólicas? 

No existen evidencias de que el consumo de bebidas alcohólicas tomadas con moderación en las comidas y en forma ocasional sea dañino para una persona con diabetes. Sin embargo, consumir alcohol en exceso puede favorecer alguna afección del hígado y propiciar el descontrol crónico de la diabetes, pues generalmente se pierde la disciplina que se requiere para el buen control de la misma. 

¿Qué precauciones debo tener en cuenta?

Consulte a su médico para saber si puede tomar alcohol y la cantidad permitida. No obstante, debe evitar ingerirlo si padece gastritis (inflamación del estómago), pancreatitis (inflamación del páncreas) o bien si tiene cifras de triglicéridos muy elevadas o si ya presenta afección del hígado. 

Evite el consumo excesivo, en especial si su alimentación es rica en grasas o tiene los triglicéridos (tipo de grasa en la sangre) elevados. 

El exceso de alcohol generalmente se asocia con mal control de la diabetes. Tomar en exceso sin antes haber consumido alimentos, puede favorecer el desarrollo de episodios de hipoglucemia (niveles bajos de azúcar en sangre), debido a que el alcohol interfiere con la capacidad del organismo -concretamente del hígado- para producir su propia glucosa en condiciones de ayuno y en respuesta a bajas de azúcar en la sangre. Por ello, una persona con diabetes nunca debe tomar alcohol con el estómago vacío. Aun cuando usted sea tratado con hipoglucemiantes orales, el alcohol puede bajar la glucosa en la sangre. Es preferible consumir alimentos si piensa tomar alcohol, pero si usted desea perder peso, recuerde que este producto aporta energía y, por ello, dificulta el logro de este objetivo. 

Procure tomar al menos un refrigerio con las bebidas alcohólicas y evite exceder el número de calorías de su alimentación.  

¿Qué le ocurre al alcohol en el cuerpo? 

La mayor parte del alcohol (o etanol) de las bebidas se va al hígado, el cual se encarga de transformarlo en energía. De él proviene una gran proporción de las calorías (energía) de los destilados (whisky, brandy, ginebra, vodka y tequila), mientras que otras son derivadas de los hidratos de carbono (carbohidratos) que hay en otras bebidas, como los vinos dulces y la cerveza. 

El alcohol actúa en el cuerpo como una grasa, por lo que generalmente se resta de la alimentación a manera de intercambios (equivalentes) de grasas. 

¿Qué bebidas debo preferir? 

Si toma con moderación (no más de dos copas al día), puede elegir las bebidas que más le agraden. Los vinos demasiado dulces son la excepción, tales como el oporto y los licores. Si va a ingerir mezcladores con sus bebidas, las mejores opciones son los refrescos bajos en azúcar o libres de ella, como los dietéticos o el agua mineral. 

¿Es más recomendable la cerveza light que la regular? 

Sí, pues contiene menos alcohol y carbohidratos y, por lo tanto, menos calorías. De la misma manera, es mejor el vino seco.

¿Las bebidas alcohólicas tienen algún beneficio? 

El consumo moderado (no más de dos copas al día) está asociado con una reducción en la incidencia de enfermedades del corazón. El alcohol eleva las concentraciones en la sangre de una sustancia conocida como lipoproteínas de alta densidad (colesterol HDL), la cual protege contra males cardiacos; sin embargo, se debe evitar su consumo si se tienen cifras muy elevadas de triglicéridos. 

Guías generales para el consumo de alcohol 

- Discuta el consumo de bebidas alcohólicas con su médico. 

- No tome con el estómago vacío. 

- Beba con lentitud. 

- Evite bebidas dulces o azucaradas. 

- Haga los ajustes calóricos necesarios para compensar la cantidad de calorías contenida en las bebidas alcohólicas. 

- Si bebe, hágalo con moderación. 

Preguntas frecuentes:

¿Al seguir un plan de alimentación es indispensable apoyarse en la lista de intercambios? 

En términos generales, el plan de alimentación de una persona con diabetes consiste en una dieta prudente y bien equilibrada. Al interrogarlo, el médico o el nutriólogo quizá puedan constatar que lo que usted come habitualmente es, en realidad, lo adecuado. En estos casos las recomendaciones consisten sólo en evitar azúcares refinados, como dulces, pasteles, chocolates, galletas, etc., así como en reducir el consumo de grasas de origen animal y evitar el consumo de cantidades excesivas de carbohidratos (p. ej., frutas y panes o harinas). 

La lista de intercambios es muy útil, porque muestra el valor calórico y nutritivo de los diferentes tipos de alimentos comestibles, porque así usted aprende a comer y a reconocer la forma en que interactúan los alimentos; por lo tanto, en la mayoría de los casos no es imprescindible, más no deja de ser una excelente alternativa. 

¿Por qué es conveniente evitar los dulces y todo tipo de azúcares refinados? 

Los niveles de glucosa en la sangre de una persona con diabetes deben mantenerse en rangos lo más cercanos posible a los valores normales. Esto debe ocurrir tanto en ayuno como después de consumir alimentos (valores idealmente menores de 130 mg/dL en ayuno y menores de 180 mg/dL una a dos horas después de los alimentos). 

El proceso de la digestión en el caso de azúcares complejos, como la papa, el pan o la tortilla, implica el desdoblamiento de almidones, por lo que el azúcar se absorbe lentamente, lo cual permite la liberación progresiva de insulina por parte del páncreas. En cambio, si se consume un dulce o refresco, la glucosa es absorbida inmediatamente a la circulación y no hay tiempo para que se produzca la hormona en concentraciones apropiadas, lo cual se manifiesta en niveles muy elevados de la glucosa en la sangre después del alimento. Por eso mismo, este tipo de nutrimentos (dulces, jugos o refrescos) son los indicados en el tratamiento de las reducciones de azúcar. 

EL EJERCICIO ADECUADO PARA PERSONAS DIABÉTICAS


El ejercicio es muy importante para mantener una buena salud y para el control de la diabetes, así que piense en todos los beneficios que ofrece practicarlo. 

El ejercicio mejora el tono muscular y el funcionamiento del corazón y los vasos sanguíneos; disminuye el riesgo de desarrollar diversos problemas asociados a mayor riesgo de infarto (ateroesclerosis), como obesidad, presión alta y elevación de las grasas en la sangre; favorece una sensación de bienestar y disminuye el estrés de la vida cotidiana. 

En una persona con diabetes, el ejercicio ofrece un beneficio adicional, pues contribuye a reducir los niveles de glucosa, al provocar que el organismo sea más sensible a la acción de la insulina. 

Se ha observado comúnmente que cuando se inicia un programa de este tipo de actividad física, disminuyen los requerimientos de esta hormona o de tabletas hipoglucemiantes. 

Cómo empezar 

Hacer ejercicio requiere disciplina y la convicción de la importancia que tiene practicarlo. Si lo hace habitualmente y es excelente deportista, ahora estará más motivado para hacerlo; si no lo es, lo cual es probable, entonces se encontrará usted ante un gran reto. 

La actividad física implica esfuerzo adicional, pero si se acostumbra a hacerla, lo más probable es que tenga éxito en todos los otros aspectos relacionados con el manejo de su diabetes. 

Puede optar por caminar, correr, andar en bicicleta, nadar o efectuar cualquier práctica de este tipo. En cuanto a la duración, ésta puede variar desde 20 min hasta varias horas; recuerde que siempre será mejor hacer algo que nada. El primer paso es decidirse a hacerlo, lo que sigue es encontrar una actividad que le guste y consultar con su médico si resulta apropiada para usted y las precauciones que -en caso dado- deberá tener. 

En general trate de caminar mucho, evite usar elevadores si puede usar escaleras, rehuya una vida sedentaria y, sobre todo, cuidado con los pretextos: “hoy no puedo”, “hace mucho frío”, “parece que va a llover”, “tengo mucho trabajo” o “mejor lo hago mañana”. 

Ejercicio y control de la diabetes 

Como se mencionó, hacer ejercicio puede disminuir sus requerimientos de insulina o de tabletas hipoglucemiantes, por lo que deberá consultar al respecto a su médico y hacer los ajustes en caso necesario. Recuerde siempre llevar consigo —mientras efectúa esta práctica— algún dulce o tabletas con azúcar, para utilizar en caso de presentar síntomas de hipoglucemia. 

Si usted tiene la glucosa muy alta en ayuno (> 250 mg/dL), puede pensar que el ejercicio le ayudará a bajar los niveles de ésta en la sangre, pero no es así. Cuando la diabetes está descontrolada, el ejercicio resulta un estrés adicional que en lugar de bajar dichos niveles, puede llegar a incrementarlos. Por ello, si usted se ejercita en forma regular, debe tener su diabetes en buen control. Es importante insistir en la relación tan estrecha que existe entre el plan de alimentación, el ejercicio y los medicamentos para la diabetes. Imagínese a alguien que toma sus tabletas para esta enfermedad o se aplica insulina en la mañana y se va de la casa para practicar deporte sin desayunar. Obviamente, el riesgo de una baja de azúcar es alto y sería producto de la falta de información o de una conducta inapropiada. 

Discuta con su médico el programa de actividad física que va a desarrollar y los ajustes que debe realizar; a lo mejor podrían lograr una reducción en las dosis de medicamentos e insulina o un aumento en el aporte de alimentos. 

Es muy útil realizar ocasionalmente el monitoreo de la glucosa antes y después del ejercicio, para que usted pueda conocer el efecto que éste le produce, en particular sobre el control de su diabetes. 

Recomendaciones para tener éxito en el propósito de hacer ejercicio.

Termine con las dudas No es raro que al inicio siempre exista un pretexto para no hacerlo: “me va a doler la espalda”, “tal vez va a llover”, “tengo mucho trabajo”. Cuando tome una decisión firme, manténgase en ella sin dejar lugar para los pretextos. 

Establezca metas realistas 

Hay que estar conscientes sobre cuánto es el ejercicio que uno puede hacer. Caminar 20 minutos diarios puede resultar excelente y suficiente para muchísimas personas. 

Solicite apoyo 

Mucha gente no puede, por sí misma, lograr adherirse a un programa de ejercicio. Busque apoyo; seguramente hay amigos o conocidos con deseos de iniciar un régimen de este tipo y sólo están esperando una llamada de alguien que los motive para hacerlo en forma cotidiana. Otra alternativa que en ocasiones funciona es inscribirse en un club o gimnasio.  

Perciba los cambios 

Desde un principio, el ejercicio le va a proporcionar una sensación de bienestar y mejor control de la diabetes. Trate de sentirse retroalimentado e impulsado para continuar en función de esto; no cese en su esfuerzo a pesar de las molestias iniciales en sus músculos, abandonados durante tanto tiempo. 

No deje el hábito del ejercicio 

La actividad física es como un hábito, una vez que se adquiere resulta difícil dejarla. A pesar de ello siempre existirán situaciones que pueden alejarlo de ella. Recuerde que si falla un día, luego será otro y otro, y terminará por dejarlo. Piense en los benefi cios del ejercicio. Es indudable que tener éxito produce una sensación placentera; igual ocurre al cumplir el plan de ejercicio. Inmediatamente se reconoce el efecto de bienestar, porque está usted logrando sus metas y, en forma paralela, un mejor control de la diabetes. Perciba y disfrute esta sensación. 

¿Qué precauciones se deben tener? 

Toda persona mayor de 40 años de edad, sobre todo si tiene 10 o más años de ser diabética, debe pasar por una evaluación médica completa antes de iniciar un programa de ejercicio. En algunos casos deberá incluir una prueba de esfuerzo para conocer si hay riesgo de problemas cardiacos. En la mayoría de las personas con diabetes, la actividad física no ofrece riesgo alguno, pero en algunos casos puede resultar contraproducente, como en caso de presentar una pérdida importante de la sensibilidad en los pies. Correr puede favorecer la formación de callos o traumatismos que dan lugar a úlceras o problemas en las estructuras de sostén (tendones, ligamentos y huesos). Antes de ejercitarse, su médico debe realizarle un examen completo de los pies y recomendarle calzado apropiado para ello. 

Si usted tiene problemas importantes de retina (retinopatía diabética), hacer esfuerzos, como levantar pesas, pueden favorecer el desprendimiento de esa membrana y ceguera, por lo que antes de hacer este tipo de actividad debe someterse a un examen oftalmológico. 

El ejercicio aumenta el consumo de oxígeno por parte del corazón; si usted tiene problemas en las arterias coronarias que irrigan a ese órgano, el ejercicio puede contribuir al desarrollo de un infarto o angina de pecho. En caso de tener edad avanzada y presentar otros factores de riesgo para esa vital parte del cuerpo, debe tener una evaluación cardiovascular completa. No hay que olvidar que aun en estos casos el ejercicio es parte de la rehabilitación cardiovascular, pero debe ser supervisada por su médico. 

Estas precauciones son muy importantes; sin embargo, recuerde que el ejercicio es una de las mejores herramientas para prevenir complicaciones a futuro y ayudarlo a llevar una vida más sana. 

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