Entrada destacada

CUANDO LLEGA EL INVIERNO: BENEFICIOS DE LA EQUINÁCEA

Mostrando entradas con la etiqueta Fermentaciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fermentaciones. Mostrar todas las entradas

FERMENTAR ALIMENTOS: TODO BENEFICIOS


Hay muchas razones por las cuales deberías fermentar tus alimentos, aquí tienes algunas de ellas:

1. SABOR 

La fermentación abre capas de sabor y textura que no están en los alimentos crudos. Basta pensar en la vibrante acidez de un yogur comparada con el sabor de la leche o en las burbujas de una gaseosa casera de kéfir. También, la acidez que provoca el ácido láctico suele balancear el dulzor o el amargor propio de los vegetales. No es casual, tampoco, que los pickles sean el acompañamiento perfecto para las grasas: salado, dulce, ácido, amargo, todos los sabores en tu plato. 

2. PREDIGESTIÓN 

Nuestra digestión comienza antes de lo previsto. Cuando tu nariz detecta el aroma de algo que consideras rico, envía señales a tu cerebro para que empiece a trabajar en la producción de jugos digestivos en tu boca –la saliva–, en tu estómago y en tus intestinos. La digestión no es otra cosa que separar las partes de la comida que podemos metabolizar (proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas, etc.) y descartar las que no podemos (fibras y otros compuestos). Las bacterias lácticas realizan parte del proceso que naturalmente producen nuestra boca, estómago e intestinos, haciendo que vegetales, cereales y lácteos sean más fáciles de digerir. 

3. NUTRICIÓN 

La mejora nutricional de algunos alimentos a través de la fermentación es una consecuencia de la predigestión. Por un lado, muchas semillas contienen antinutrientes: mecanismos de defensa natural que impiden que nuestros intestinos puedan absorber componentes esenciales. 

El ácido fítico, la antitripsina y la lectina son algunos de los que podemos neutralizar con el remojo previo y la cocción de los alimentos. Sin embargo, cuando fermentamos reducimos aún más su presencia. Por otro, la fermentación ayuda a disolver e incorporar proteínas que de otra manera sería imposible extraer de las legumbres. En el caso del yogur, por ejemplo, las bacterias lácticas eliminan parte de la lactosa, que es una fuente de alergias para muchas personas. 

La fermentación también ayuda a generar pectinasas y celulasas, suavizando la textura de los alimentos y liberando azúcares que de otro modo no estarían disponibles para el sistema digestivo humano. Por último, varias investigaciones en los últimos años han demostrado que en algunos casos la fermentación podría reducir la presencia de agrotóxicos en los vegetales hasta en un 80 %. En países como la Argentina, donde la fumigación es un problema grande y poco controlado, esto resulta una importante virtud. 

4. CONSERVACIÓN 

La fermentación es la técnica de conservación de alimentos más antigua. En el caso de los vegetales, además de ser barata, fácil de realizar y requerir pocos insumos básicos –agua y sal–, es sustentable: no se necesita energía eléctrica. 

Un vegetal fermentado puede durar años, incluso décadas, y el proceso es muy útil cuando adquirimos o cosechamos grandes cantidades de un mismo producto. Al desechar ácido láctico, las bacterias logran bajar el pH del medio en el que son fermentados los vegetales, evitando así que crezcan microorganismos patógenos. El dióxido de carbono (gas) elimina el oxígeno de la salmuera evitando que crezcan los microorganismos que dependen del aire. 

Otras bacterias producen peróxido de hidrógeno y nisina, que también tienen efectos conservantes, luchando contra bacterias que podrían resultar peligrosas. 

5. PROBIÓTICOS 

Los alimentos fermentados vivos aportan probióticos de manera natural y fácil de absorber para nuestro cuerpo. ¿Qué son los probióticos y cuál es su función en nuestro cuerpo? 

Son microorganismos vivos tienen muchas propiedades, en función de la cepa que se seleccione, y pueden ayudar en determinados procesos. Los probióticos son “microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren un beneficio a la salud del hospedador".

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

LOS BENEFICIOS PARA LA SALUD DE LOS ALIMENTOS FERMENTADOS


Los alimentos y bebidas fermentados son cada vez más populares. Ahora puede encontrar kombucha de barril en bares, pan de masa fermentada en cafés y más variedades de yogur, chucrut y kimchi en su supermercado local.

Pero, ¿cuáles son los beneficios para la salud del corazón y debería incluirlos en su dieta?

Los alimentos fermentados han sido parte de la dieta humana durante siglos y se produjeron inicialmente como una forma de conservar los alimentos, mejorar el sabor y eliminar las toxinas de los alimentos. Hoy en día, más personas recurren a estos alimentos por sus posibles beneficios para la salud

¿Cuáles son los beneficios 
de los alimentos fermentados?

Históricamente, los alimentos fermentados han sido valorados por su vida útil mejorada y su sabor, aroma, textura y apariencia únicos. También nos permiten consumir alimentos que de otro modo no serían comestibles. Por ejemplo, las aceitunas de mesa deben fermentarse para eliminar sus compuestos fenólicos de sabor amargo.

Muchos beneficios para la salud se han asociado con los alimentos fermentados, incluida la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares, presión arterial alta, diabetes, obesidad e inflamación. También se han relacionado con un mejor control del peso, un mejor estado de ánimo y actividad cerebral, una mayor salud ósea y una mejor recuperación después del ejercicio. 

Al observar la salud del corazón, los probióticos pueden ayudar a disminuir el colesterol total y de lipoproteínas de baja densidad (LDL), sin embargo, la evidencia de esto aún es muy limitada.

Una explicación para todos estos efectos es la producción de péptidos bioactivos, vitaminas y otros compuestos producidos por los microorganismos involucrados en la fermentación y que tienen funciones clave en el cuerpo, como la salud de la sangre, la función nerviosa y la inmunidad.

Es importante recordar que estos beneficios para la salud probablemente dependan del tipo de alimento fermentado y de los microorganismos involucrados. Por ejemplo, el consumo de yogur se ha asociado con un menor riesgo de diabetes tipo 2, mientras que la leche fermentada que contiene Lactobacillus helveticus se ha asociado con una reducción del dolor muscular

¿Qué es la fermentación?

La fermentación es un proceso microbiológico natural a través del cual los alimentos son transformados.

¿Qué pasa cuando dejas una fruta fuera de la heladera durante varios días? Se pudre. ¿Y qué significa exactamente que se pudra? 

En la naturaleza, los seres vivos competimos por el alimento. Y si uno deja algo, otro lo agarra. Los vegetales no vienen con una fecha de vencimiento ni tienen obsolescencia programada: un alimento se pudre cuando las bacterias y las levaduras deciden comérselo. Para esto deben existir ciertas condiciones de humedad, temperatura y otras variables en las que estos seres invisibles pueden vivir y reproducirse a gusto. 

Desde niños nos han enseñado que si un alimento ha sido colonizado por algún hongo o bacteria debemos evitarlo. Incluso nuestra nariz, uno de los mejores sistemas de defensa que traemos de fábrica, así lo confirma: lo que huele mal, a priori, no se come. Pero ¿qué sucedería si pudiéramos controlar las condiciones en las que esas bacterias y hongos se desarrollan y, de esta manera, conseguir que se multipliquen exactamente las variedades de microorganismos que queremos? Eso es la fermentación controlada. 

También es nuestra misión como fermentadores. Una de las tantas definiciones de cocinar es la de “transferir calor de una superficie a un alimento para mejorar su sabor y facilitar su digestión”. Esta explicación resulta cierta, pero algo incompleta. Si estamos preparando un ceviche, por ejemplo, modificamos la estructura química de un pescado al ponerlo en contacto con un medio ácido como el limón. Algo similar sucede cuando fermentamos: predigerimos los alimentos; es decir, los exponemos a un proceso muy parecido al que sucede dentro de nuestros intestinos pero en un frasco, aumentando así sus propiedades organolépticas. En definitiva, les damos más sabor. 

Las tres fermentaciones que tienes que conocer 

Si bien existen varios tipos de fermentación, para mejorar nuestros alimentos en casa solamente necesitamos conocer tres.

1. LA FERMENTACIÓN LÁCTICA 

A través de bacterias lácticas de diversos géneros (Lactobacillus, Leuconostoc, Lactococcus, entre otras), se transforma el azúcar de los alimentos en ácido láctico y dióxido de carbono. Por ejemplo: los pickles, el yogur o el salame. 

¿Cómo funciona? 

Según el diccionario, la fermentación láctica es una ruta metabólica anaeróbica. Ruta: porque no es una sola bacteria la que produce el proceso de fermentación, sino un ciclo interno de reacciones enzimáticas en el que una cadena de bacterias se comen unas a otras y a sus desechos, hasta llegar a un ecosistema estable. Metabólica: porque cada grupo de bacterias metaboliza (asimila y transforma) al grupo anterior y el azúcar del medio, transformándolos en ácido láctico y dióxido de carbono. Anaeróbica: porque sucede sin necesidad de oxígeno, debajo del agua, o mejor dicho, en una salmuera. 

Durante el proceso de fermentación, las bacterias lácticas metabolizan el azúcar de los alimentos y desechan ácido láctico y dióxido de carbono. Este ácido láctico desactiva el proceso de descomposición que otros organismos producen haciendo que los alimentos fermentados se conserven durante más tiempo. Piensa en el repollo: en su estado natural, puede durar hasta un mes en una temperatura de 20 °C. Si lo fermentamos, puede durar años.

2. LA FERMENTACIÓN ALCOHÓLICA 

A través de diversas familias de levaduras (hongos microscópicos), se transforma el azúcar de los alimentos en alcohol y dióxido de carbono. Por ejemplo: el vino o la cerveza.

3. LA FERMENTACIÓN ACÉTICA 

A través de bacterias de la familia Acetobacter, se transforma el alcohol de los alimentos en ácido acético. Por ejemplo: el vinagre. 

¿Cuál es la diferencia 
entre alimentos fermentados y alimentos vivos? 

El 70 % de lo que comemos y bebemos a diario ha pasado por algún proceso de fermentación: pan, vino, cerveza, chocolate, café, té, queso, manteca, fiambre, aceitunas, vinagre, salsas picantes, salsa de soja y muchos más. Podría decirte que las cosas más ricas que podemos comer en este mundo han sido fermentadas en algún momento. Sin embargo, no todos los alimentos fermentados están “vivos”. Aquellos que han sido cocinados, pasteurizados, irradiados o tratados con alguna forma de eliminación de patógenos carecen de una de las bondades que buscamos a la hora de aplicar esta técnica: la obtención de probióticos. 

Los vegetales lactofermentados como el chucrut o el kimchi, las bebidas como el kéfir y la kombucha, y otras preparaciones como el yogur o el miso son algunos ejemplos de los alimentos que aportan bacterias vivas a nuestro cuerpo sumando cantidad, calidad y diversidad a la flora intestinal.

También te recomiendo preparar y consumir alimentos fermentados previamente, aunque luego sean cocinados: el pan de masa madre, el arroz y la avena fermentados son algunos ejemplos en los que su predigestión facilita la tuya.




¿QUE ES EL KEFIR DE AGUA? COMO PREPARARLO Y SUS BENEFICIOS PARA LA SALUD


- El kéfir de agua es una bebida que gusta tanto por su sabor gaseoso como por sus impresionantes beneficios para la salud.

- Además de contener una poderosa carga de probióticos, también se ha demostrado que esta deliciosa bebida aumenta la inmunidad, ralentiza el crecimiento de las células cancerosas y mejora la salud en general.

- Lo mejor de todo es que se puede hacer en casa usando solo unos pocos ingredientes simples.

- Este artículo revisa los beneficios y usos del kéfir de agua y cómo hacer uno propio.

El kéfir de agua es un cultivo simbiótico de bacterias y levaduras que viven en una matriz-biofilm compuesta por un polisacárido (dextrano) producido por una bacteria llamada Lactobacillus brevis. A que no entendiste nada, ¿verdad? 

“Cultivo simbiótico” significa que esos pequeños granulitos son ecosistemas cerrados de bacterias y hongos microscópicos que viven en comunidad y desarrollan, cada uno, diversas tareas para alimentarse, reproducirse y sobrevivir. Una de sus tareas habituales –y la principal para nosotros– consiste en alimentarse de azúcar y desechar ácido láctico, etanol (alcohol) y dióxido de carbono. En síntesis, las levaduras y las bacterias cooperan, haciendo que los nutrientes que son inaccesibles para unas sean digeridos en nutrientes accesibles por las otras. 

Por ejemplo, las levaduras descomponen los azúcares simples como la glucosa y la fructosa, convirtiéndolos en etanol y dióxido de carbono. Las bacterias lácticas convierten los azúcares y los carbohidratos complejos (almidones) en azúcares más simples y ácido láctico. El ácido láctico y el ácido acético preservan y evitan naturalmente que los patógenos puedan contaminar el medio, bajando el pH. El resultado es una bebida que ha convertido gran parte del azúcar en azúcares más simples, ácidos láctico y acético, dióxido de carbono y etanol. 

El kéfir también contiene probióticos y es más nutritivo debido a que los nutrientes están disponibles, incluyendo un aumento de la vitamina C y otras vitaminas. Entonces, cuando bebamos kéfir de agua estaremos ingiriendo una buena cantidad de Lactobacillus, Streptococcus, Pediococcus y Leuconostoc, y levaduras de los géneros de las Saccharomyces, Candida, Kloeckera: microorganismos que harán felices a nuestros intestinos. 

A diferencia del tepache, en el que se hace una fermentación salvaje (wild fermentation) a partir de las bacterias y levaduras que viven en la superficie del ananás, el kéfir de agua es un cultivo que “acidifica el medio”, es decir que lo ponemos en una jarra “cultivando” el agua y lo alimentamos con azúcar para que transforme todo en una soda probiótica, comiendo el azúcar y desechando ácido y burbujas. Esta técnica se llama “culturing”. 

El kéfir de agua recibe nombres muy diferentes según el país: “tíbicos” en varias partes del mundo, “cristales de agua” en Japón, “abejas californianas”, o australianas y africanas, según el caso; también “arroz de agua”, “gemas de agua”… En Alemania lo llaman piltz, en Italia Kefir di frutta y en Francia, graines vivantes. Recomiendo el kéfir para quienes se inician con las sodas probióticas: fermenta rápido (entre 24 y 48 horas se consiguen excelentes resultados) y tiene un sabor plano y muy manejable, parecido al de una sidra, con una acidez media y soportable, no demasiado punzante. Es ideal para producir segundas fermentaciones y llevarlo al perfil que te gusta. Como muchos cultivos pueden ser diferentes, los resultados finales también pueden serlo: algunos tienen un perfil más amargo, otros tardan en reproducirse. 

KÉFIR DE AGUA BASE 

Ingredientes: 

- ¼ de taza de gránulos de kéfir. 
- 1 rodaja  de jengibre (tamaño de una moneda).
- ¼ de limón con cáscara. 
- 1 ciruela pasa. 
- 1 litro de agua a temperatura ambiente. 
- 25 g de azúcar.

Procedimiento: 

Coloca en un frasco los gránulos, el jengibre, el limón y la ciruela. Llena con el agua y, por último, agregá el azúcar. 

Deja fermentar entre 24 y 48 horas a temperatura ambiente. 

Luego, cuela los nódulos, embotella el líquido y llévalo a la nevera para ralentizar la fermentación. 

Con los nódulos colados, repite la operación. Descarta el jengibre, el limón y la ciruela, no los vuelvas a usar. El limón y las frutas secas se han usado tradicionalmente en la receta durante siglos. Al igual que con tantas cosas, el éxito en el conocimiento empírico provocó un saber que ahora podemos definir científicamente. El limón sirve como un amortiguador de pH natural: al incorporarlo bajamos el pH para proteger el kéfir de agua de organismos extraños y competitivos. Esto provocará que trabajen más rápido y mejor las levaduras que las bacterias, obteniendo un resultado final más alcohólico y gasificado. 

Si quieres evitar esto, simplemente no pongas limón: seguramente tus gránulos se reproducirán más, ya que con pH más alto al iniciar la fermentación, las bacterias que fabrican “la casita” van a reproducirse. Sin embargo, la cáscara de limón es rica en calcio, un mineral principal para los granos (tanto que hay quienes ponen cáscara de huevo molida o sal en el agua). 

Los frutos secos sirven como fuente adicional de azúcar y de los diversos minerales que el kéfir necesita, como potasio y magnesio. Las pasas, higos, manzanas, duraznos, damascos y el coco, entre otros, funcionan muy bien. La situación ideal es hacer algunas tandas con limón y otras sin, y cambiar las frutas. 

Segunda fermentación 

Llegó el momento de la magia. Acabas de embotellar un par de litros de kéfir de agua con tu receta de siempre. ¿Y ahora qué? La segunda fermentación cumple dos funciones: por un lado, darle un perfil de sabor definido y definitivo a tu bebida; por otro, si te gusta el gas, es el momento de darle el golpe de carbonatación final en la botella y guardarlo. 

Aunque el líquido haya abandonado el contacto con los tíbicos, la bebida sigue viva y activa, es decir que sus bacterias y levaduras van a seguir comiendo azúcar, acidificando el medio y produciendo gas. Si incluyes azúcar en cualquiera de sus formas, desde un jugo de frutas hasta un almíbar o miel, vas a generar más y mejor carbonatación. 

¿Y qué puedes incluir? 

De todo: frutas frescas enteras o secas, jugo de frutas, té, infusiones o decocciones. Lo mismo con los endulzantes, el que más te guste. Si, por ejemplo, querés una bebida edulcorada, puedes evitar el azúcar y usar edulcorante: este último no va a ser degradado por las bacterias y te ayudará a conseguir una bebida más dulce y menos ácida. 

Lo ideal es que dejes la segunda fermentación entre 12 y 24 horas a temperatura ambiente y después la lleves a la heladera para ralentizar. Con más tiempo, la bebida corre peligro de acidificarse demasiado y, sobre todo, de hacer explotar la botella. Por eso también te recomiendo que empieces en botellas de plástico: lo peor que te puede pasar es que pierdas todo el contenido en una explosión como si se tratara de una botella de vino espumoso (confieso que me pasa a menudo). 

Otra recomendación: abre la botella de a poco, dejando salir lentamente el gas. 

En cuanto a las proporciones, todo depende de qué le agregues. Más allá de las recetas que encontrarás en esta web, a continuación, usa el sentido común: si sumas algo con acidez y poca azúcar (jugo de manzana sin azúcar agregada) la proporción tendrá que ser más alta que si agregas jugo de melón con azúcar agregada. 

En lo personal, cada vez que hago una segunda fermentación nueva, pruebo dos ratios: 25 % de jugo/bebida y 75 % de kéfir, y 50 % de jugo y 50 % de kéfir. El resultado ya me dice más o menos por dónde tengo que ir. 


SALUD Y BIENESTAR (Pincha en la imagen)

RECETAS DE COCINA (Pincha en la imagen)

ALIMENTACIÓN INFANTIL (Pincha en la imagen)

AYURVEDA. LA MEDICINA NATURAL (Pincha en la imagen)

TODO LO QUE NECESITAS PARA TU MASCOTA (Pincha en la imagen)

EDUCACIÓN Y BUENAS MANERAS (Pincha en la imagen)