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¿QUÉ ES EL PROTOCOLO? EL USO DE LAS BUENAS MANERAS


¿Esmoquin o chaqué? ¿Vestido largo o corto? ¿Debo llevar una botella de vino a la comida a la que me han invitado? ¿Cómo hago el nudo de la corbata? Éstas sólo son algunas de las preguntas que pueden surgirnos si seguimos las reglas ceremoniales del llamado protocolo. 

Podría definirse el protocolo como el conjunto de acciones que podemos desarrollar o de las que podemos formar parte, que además tienen una manera de hacerse, de ser, acorde a unas reglas de la educación y las buenas formas.

Podemos establecer una comparación entre el protocolo y el comportamiento, ya que de la misma manera que las personas no podemos hacer lo que se nos antoje cuando se nos antoje, sin unas reglas mínimas de comportamiento y civismo, el protocolo igualmente exige una determinada forma de proceder. 

En la vida, en las relaciones sociales, personales, familiares, profesionales y en cada uno de los ámbitos a los que, aunque sea de forma eventual, pertenezcamos, que nos exigen relacionarnos con otras personas, debemos actuar conforme a unas reglas. A este tipo de remisas nos referimos cuando aludimos al protocolo.

El tratamiento que damos a determinadas personas según su posición social y su cargo, el que nos merecen quienes ostentan un título nobiliario, las relaciones diplomáticas que se establecen entre países a través de sus representantes internacionales, etc., forman parte del protocolo, pero cada uno de nosotros está sujeto a sus normas, aunque en mayor o menor medida y con más o menos responsabilidad.

Ciertos cargos profesionales u oficiales constituyen la mayor representación del protocolo: ministros, diplomáticos, responsables de comunicación o gabinete, cargos políticos intermedios, comisarios, etc., son las personas encargadas de que el protocolo se cumpla con rigor. A menor escala, entre cada uno de los ciudadanos de a pie, también hay que tenerlo muy presente, respetándolo en cada uno de nuestros actos.

Para abordar de manera sencilla la definición de protocolo y poderlo llevar al terreno práctico, hemos querido diferenciar la manera en la que nos influye en los distintos ámbitos de la vida. Cuando más necesario se hace el protocolo es en el ámbito oficial y político. En principio, porque la manera de actuar de aquellas personas que desempeñan uno de estos cargos está sujeta a rígidas reglas de comportamiento. 

Cuando se celebra cualquier tipo de evento, audiencia, recepción de personalidades, en el que están presentes estas personas, detrás de dicho acto hay todo un ejercicio de organización que requiere gran esfuerzo y trabajo. Ese esfuerzo se destina a preparar una completa agenda, fiel a las reglas del protocolo ceremonial, que está detrás de lo que el acto parece a simple vista. Por ejemplo, una recepción que cuenta con un elevado número de personalidades nacionales y extranjeras para celebrar una «cumbre» política, por poner un ejemplo, no sólo consiste en organizar el lugar donde va a celebrarse, en habilitar un palacio de congresos, sino en otro tipo de acciones paralelas dirigidas al cuidado de cada uno de sus integrantes.

Es posible que usted, no se vea obligado a asistir a un evento de estas características más que una vez en su vida, quizá ninguna, pero también es posible que por razones profesionales o compromisos indirectos sí tenga que asistir a uno y se sienta perdido, intimidado y hasta fuera de lugar. Sepa que en este tipo de actos hay un extenso equipo de personas que se dedican a que otras como usted se sientan bien, sepan cuál es su papel y. función y le indiquen los pasos a seguir. Y en cualquier caso, ante la obligación de cumplir con estas normas protocolarias que probablemente desconozca, le recordamos el mismo refrán al que nos referíamos en anteriores post: «Allí donde fueres, haz lo que vieres».

Hablemos ahora de lo que podría denominarse protocolo social. Aunque usted no sea un avezado político, un relaciones públicas profesional por razón de su cargo, se verá obligado a lo largo de su vida a acudir a otra serie de actos también formales: una boda, un cóctel, una graduación de estudios, una entrega de premios, una conferencia, etc. En cada uno de estos actos, además de comportarse con educación, deberá tener en cuenta factores como el cuidado de la imagen, la indumentaria, el respeto o las reglas básicas de educación en una mesa en la que se siente a comer. 

Si asiste a un entierro se dará cuenta de que la actitud es muy determinada y que el orden de los demás asistentes está organizado metódicamente; si usted es mujer, ha de saber que no podrá acudir a una boda vestida de blanco; si se sienta a la mesa debe conocer que el cuchillo para cortar el pescado es distinto al de la carne, y en ciertos actos necesitará vestirse de esmoquin si es hombre y no quiere ponerse en evidencia. Todo esto es protocolo.

Pero queremos dejar claro que el protocolo no sólo es ese arte lejano y descónocido que manejan ministros, senadores o miembros de la realeza. Como comentábamos, los ciudadanos de a pie deben ponerlo en práctica en su vida cotidiana, en cada una de las relaciones personales o sociales que entablen.

¿Cómo respetar el protocolo mínimo en el terreno profesional y laboral? En ellas el protocolo es un concepto más asequible, más manejable para la mayoría. Simplemente consiste en comportarse de manera correcta. En la trayectoria profesional de cada uno de nosotros, independientemente de la profesión a la que nos dediquemos, nos veremos obligados a relacionarnos con otras personas, desde compañeros de cargo a jefes, subordinados, personas que ocupan un cargo en empresas paralelas, etc. Debemos relacionarnos con cada uno de ellos, por exigencias del puesto de trabajo y por propia conveniencia, pues las relaciones y los contactos son primordiales en los tiempos que corren. Debemos ser capaces de entablar relaciones con normalidad, cordiales, que fluyan con naturalidad, respetando a esas personas y ganándonos su respeto.

En cualquier caso, sepa que, como desgraciadamente los seres humanos nos pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en el lugar de trabajo, en nosotros está ser diplomáticos, en honor a ese protocolo, y crear un buen ambiente laboral. Si tiene problemas personales, no deberá desahogarse nunca en el medio laboral, ni reflejarlos en su actividad profesional. No dé lugar a rencillas personales que entorpezcan su labor, que generen conflictos; haga, en todo momento, uso de la cortesía y la educación. Ser un profesional de cualquier actividad no implica tener buenos modales, por lo que estos consejos no son baldíos para nadie, ya sea usted un subordinado o el director de una importante compañía. Las reglas, en este caso, no hacen distinciones. Si lleva a cabo estas mínimas normas de convivencia en el trabajo, está cumpliendo con lo que en este sentido se denomina protocolo.

Bien, hay una parcela de la vida, la más importante quizás, aunque de ella no dependan las relaciones internacionales, que es la personal y familiar. Parece que es el terreno donde es menos necesario poner en práctica nuestra buena educación, y no es cierto en absoluto. Los buenos modos deben empezar por nosotros mismos, aunque los demás no nos vean, aunque no estemos sujetos al llamado ojo público. De alguna manera los seres queridos son los que en el fondo más merecen nuestra educación, respeto y condescendencia. Seguramente usted se vea obligado a hacer cosas que no son de su agrado en algún momento, para lo que necesitará dejar de lado el egoísmo y ser condescendiente, ceder, respetar y, en definitiva, convivir. 

El protocolo también es necesario en las relaciones personales y de confianza.

En esta web, no hablamos sino de protocolo muy ligado a las buenas maneras, al saber estar, al saber comportarse, a la educación: en la mesa, en el trabajo, en un hospital, en una boda. Y aunque cada uno de estos momentos, actos o celebraciones, tiene una simbología propia y una manera de proceder determinada, en el fondo la máxima es común y extensible a cualquier otro momento y situación. 

Esa máxima es la educación, necesaria y vital, para ser persona e incluso para ser feliz y hacer feliz a los demás.

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