EL CONSUMO DE PESCADO SALUDABLE Y SOSTENIBLE

Posted by Begoña Rojo on 5:22 with No comments

Todos los alimentos deben consumirse en perfecto estado, pero por lo que al pescado se refiere, será preciso extremar las precauciones. Su condición imprescindible es que sea muy fresco. La carne por el contrario suele consumirse después  de varios días de haber sido sacrificada y gana con ello. Esta circunstancia, concerniente al pescado, podría dar lugar a graves intoxicaciones.

Comer pescado es saludable para ti, pero este consumo hay que llevarlo a cabo dentro del marco de la sostenibilidad para disminuir la presión pesquera que sufren los océanos

Por un lado, tenemos que ser precavidos con las repercusiones relacionadas con la salud. Las toxinas, como el metilmercurio de las centrales de carbón y los bifeniles policlorados (PCBs) procedentes de una variedad de procesos industriales, han penetrado en la red alimenticia marina. Los niveles de metilmercurio en algunos mariscos y pescados, como el pez espada, muchas especies de tiburón y atunes, exceden con regularidad el límite de mercurio establecido por la Agencia de Protección Medioambiental de 0,3 partes por millón en más del 20 por ciento. Tanto el mercurio como el PCBs causan daños en el sistema nervioso y en la salud cardiovascular cuando se consume en dosis más altas de lo normal.

Junto con estas noticias preocupantes, sabemos que los océanos están siendo mermados con la sobrepesca, lo que significa que capturamos más piezas de las que pueden reemplazarse con la reproducción natural. Incluso quienes optan por los pescados y mariscos de granja o acuicultura, en un esfuerzo por conservar el suministro de los mares, se enfrentan a un dilema medioambiental. Por ejemplo, para criar un solo salmón de acuicultura, se ha de capturar 5 kilos de peces salvajes para su alimentación, por lo que se produce una pérdida neta de pescado salvaje.

Pero esta historia no es del todo tan terrible. El marisco y el pescado es rico en ácidos grasos omega 3. Cuando se compara con otras carnes, como la de vacuno, el pescado genera una impronta de carbono inferior. Y no todo el pescado está en peligro. Puedes elegir conscientemente para minimizar tu impacto en el medio ambiente.

Aquí te presentamos seis opciones buenas para ti y el planeta.

1- Salmón de Alaska Sockeye

Recuerda: se necesita más cantidad de salmón salvaje para criar un salmón de granja más pequeño. En general, el salmón de Alaska es mejor opción que el salmón de piscifactoría si prefieres ayudar a conservar las poblaciones salvajes. Pero no cualquier salmón salvaje: Más de un tercio de los pescados en las aguas de Alaska inician sus vidas en un criadero. Esta práctica, que empezó en los años 70, tenía la intención de favorecer la pesca de forma artificial. Pero a algunos biólogos les preocupa sus características genéticas, alteradas con el tiempo para adaptarse a sus aguas. Así pues, introducir tantos peces de criadero en ríos y arroyos, libres para desovar, puede poner en peligro la supervivencia a largo plazo de las poblaciones salvajes.

Tu mejor elección: El salmón sockeye de Alaska, que es el menos complementado. Además, esta variedad tiene algunos de los niveles más altos de omega 3 y más bajos de mercurio y PCBs entre los de su especie.

Aunque ha sido sometido a sobrepesca en el pasado, ahora se acoge a una excelente gestión, como se demuestra cuando tras más de una década volviendo a los ríos de Alaska, los biólogos consideran que la población ha sido la mayor en 15 años. En conjunto, unos 52 millones de piezas en comparación con los 20 millones del 2002.

2- Carpa de acuicultura

Si todas las personas del mundo tuvieran que ingerir las dos porciones de pescado a la semana recomendada por los técnicos de salud, los océanos, mares y ríos tendrían que producir tres veces más su rédito actual. El truco está en encontrar especies de pescados de piscifactorías que no necesiten a su vez comer pescado salvaje para crecer y vivir.

Hay peces casi herbívoros de acuicultura como la carpa que son ya muy habituales en los platos de otras partes del mundo. Sin embargo, en este sector, tan importante como la biología son los gustos de los consumidores, ya que este pescado tiene un sabor algo terroso. La especie se nutren principalmente de alimentos de origen vegetal, aunque también puede ingerir pequeños invertebrados e insectos. Los alevines se alimentan de zooplancton, y una vez que alcanzan los ocho centímetros de longitud pasan a una dieta vegetariana.

Varios sistemas de producción están en uso actualmente para el cultivo de la carpa. Los principales incluyen cultivo semi intensivo e intensivo en lagunas, estanques o pozas, y en corrales en aguas abiertas. En otras palabras, se requiere menos cantidad de alimento para criar una carpa que a una vaca. Y como el ganado emite metano, un gas de efecto invernadero importante, el pescado genera una impronta  de carbono menor, siendo una buena  elección como proteína.

3- Cultivo de almejas, mejillones y ostras.

Las almejas, mejillones y ostras no requieren tampoco de pescado para alimentarse. En realidad, crecen en todo su esplendor haciendo del agua un lugar más saludable para los peces. Así funciona el sistema: Durante años, el exceso de nitrógeno de los fertilizantes y las plantas de tratamiento de aguas de desecho se ha abierto paso en el ambiente marino. El nitrógeno actúa como fertilizante y hace que las algas crezcan en exceso. Cuando las bacterias comen algas muertas, consumen oxígeno, generando un hábitat donde los peces no pueden sobrevivir.

Aquí es donde entran en acción estos moluscos: Comen el alga y la retiran del agua antes de que dañe el ecosistema. Y como las algas tienen altos niveles de ácidos grasos omega 3 saludables, estos moluscos también tienen niveles muy altos. Los mejillones, por ejemplo, tienen los niveles de omega 3 equivalentes al atún, sin las contraindicaciones del mercurio. Además, como son los últimos eslabones de la cadena alimenticia, los contaminantes orgánicos, que se acumulan cuanto más alto se encuentre un elemento en la cadena alimenticia, son casi nulos.

La mejor elección, por consiguiente, son los moluscos de criadero para no restar filtradores acuáticos del sistema marino. La mayoría se realiza en aguas del océano, así que ayuda a limpiar el medio ambiente mientras favorece la sostenibilidad del suministro salvaje.

4- Pez espada, mero, lubina y sargo.

Gracias a la nueva normativa pesquera establecida dentro de la Unión Europea, más de tres docenas de especies acuáticas han recuperado los niveles de sostenibilidad perdidos. Una de estas especies ha sido el pez espada.

Aunque, como indicábamos antes, esta variedad tiene algunos niveles de mercurio, son generalmente más bajos que los presentes en otros pescados de talla similar. A su favor, diremos que son ricos en ácidos grasos omega 3. Por otro lado, más de veinticinco años después de haberse iniciado la protección en la reserva marina de las islas Medes, las poblaciones de mero, sargo imperial y lubina están prácticamente recuperadas, mientras que las de la corvina están en fase de estabilización, y las del dentón todavía crecen. Esta tendencia se rompe en el caso de las doradas, en declive dentro del área marina protegida, quizás por el efecto de la pesca sobrevenida en los límites de la reserva pesquera.

5- Gambas del Pacífico y del litoral Español.

Una buena alternativa es la gamba del Pacfiico Canadiense. Estos pequeños crustáceos son cazados en trampas, minimizando la captura incidental. Además, se recolectan después de que hayan desovado y justo antes de que mueran por causas naturales.

Por otro lado, las gambas capturadas en aguas litorales españolas se consumen mayoritariamente frescas y enteras en las zonas costeras, aunque una parte pueden encontrarse también congeladas. La mejor opción es siempre el producto cuya captura se haya realizado lo más cerca posible, pues será el más fresco y de mejor calidad, y siempre que sea posible, que proceda de la pesca artesanal de nuestros litorales.

6- Sardinas.

La sardina, en particular, es una de las fuentes más concentradas de grasas omega-3, ya que una porción contiene más del 50 por ciento de la cantidad diaria recomendada. También son ricas en otros nutrientes, desde vitamina B12 y selenio, hasta proteína, calcio y colina, lo que las hace una de las mejores fuentes de grasas y proteínas de origen animal.

Desde una perspectiva sostenible, y de acuerdo con el programa Seafood Watch, evita comprar sardinas del Atlántico y, en su lugar, consume las procedentes del Pacífico:

“Como resultado del manejo nada efectivo y la sobrepesca, los consumidores deberían evitar las sardinas del Atlántico que provengan del Mediterráneo. En su lugar, opta la sardina del Pacífico y Cantábrico, relativamente abundante y bien pescada”.

Consejos para la adquisición del pescado:
 
Planifica por adelantado.

El pescado fresco con alto contenido en grasas, como el pescado azul, las sardinas o las anchoas, es mejor cocinarlo el mismo día de su adquisición, así que cómpralo únicamente si tienes pensado comerlo enseguida.

El pescado blanco con menos contenido en grasas se conserva durante tres días en el frigorífico.

Productos frescos.

Cuando compres pescado en el mercado o pescadería, elige una pieza que tenga los ojos claros, con las branquias de color
rojo brillante y un brillo resplandeciente en la piel.

Compra la pieza entera y pide que te la preparen delante de ti. Conserva la cabeza y la columna para preparar un buen caldo de pescado. Cuando compres los moluscos como las ostras, almejas o mejillones, elige los que estén bien cerrados, signo de que contienen menos patógenos.

Advertencia.

Pregunta si el pescado “fresco” ha sido previamente congelado. Si es así, dirígete a la zona de congelados y consigue el mismo producto allí.

Una pieza de pescado que ha sido cuidadosamente ultracongelado y envasado al vacío en vez de expuesta sobre el hielo sabrá mejor. Además, puedes utilizar el pescado congelado a tu conveniencia, descongelándolo según necesites. Colócalo en el frigorífico 24 horas antes de su consumo. No vuelvas a congelarlo, ya que comprometerías su estado y la posible introducción de patógenos.