¿VIVIR PARA COMER O COMER PARA VIVIR?

Posted by Begoña Rojo on 21:33 with No comments

La alimentación es un tema que interesa a prácticamente todo el mundo y en el que la mayoría nos consideramos expertos. Después de todo, comer es algo que hemos estado haciendo durante toda nuestra vida y todos sabemos a ciencia cierta cuáles son nuestros manjares favoritos y cuáles no nos gustan.
 
La lista de esos manjares variará de unas personas a otras y de un país a otro, pero aún así el tema de la comida concierne a todas las edades, razas y culturas. Los comentarios sobre alimentos y sobre comidas varían mucho; desde los gourmets, que alaban los méritos de una receta o de un ingrediente exótico, hasta las personas hambrientas o incluso a punto de morir de hambre, a quienes el tema de la comida les atañe por una cuestión de mera supervivencia.

En pocas palabras, la comida significa toda una escala de cosas para los seres humanos. En algunas partes del mundo, la palabra comida equivales a diferencia entre la vida y la muerte: hay tan poca comida, que la muerte es una siniestra realidad.


Desde esta circunstancia extrema se presenta una serie ininterrumpida de situaciones que van mejorando hasta llegar a aquellas sociedades que tienen suficientes alimentos y algunas tradiciones familiares y culturales para sazonarlos. Al final de la escala están las personas que consumen tantos alimentos, que ven sus vidas amenazadas por la obesidad.

COMER PARA VIVIR…

Todos tenemos que comer para sobrevivir. Es cierto que perderse una comida no constituye un desastre, pero una dieta adecuada es importante para conservar la salud y llevar una vida feliz y productiva.

La sensación de hambre es un apremiante aviso de la necesidad de comer. Cuando el nivel de azúcar en la sangre desciende, las contracciones del estómago nos advierten de que el cuerpo precisa alimento. Este sistema de información está controlado por el hipotálamo desde el cerebro. El hipotálamo actúa como un guardabarrera: nos recuerda que se espera la llegada de alimento, o sea que tenemos que comer. Nos avisa de que estamos hambrientos y de que debemos satisfacer nuestras necesidades de energía. Ésta es la forma básica de determinar la necesidad de comida. El hambre es eficaz como medio inmediato de encaminarnos hacia la comida. Sin embargo, el mensaje acerca de qué es lo que tenemos que comer no resulta tan claro hasta que no estudiamos el tema de la nutrición.

¿Qué alimentos ingerir? Ante nosotros se presenta cada día una amplia variedad de alimentos. Unos son ricos en ciertos nutrientes; y otros son ricos en unos nutrientes distintos. Puede que ciertos alimentos carezcan de tal vitamina o que nos proporcionen muchas calorías, puede que nos den proteínas de mayor calidad o que sean pobre en un elemento mineral. De nuestra elección racional depende nuestra salud.

La diferencia entre una alimentación adecuada y una alimentación deficiente adquiere su máximo dramatismo en la infancia. Los niños de los países subdesarrollados, están expuestos a las consecuencias de una alimentación deficiente: se calcula que la desnutrición en proteína y energía es la causa básica del 10% de la muerte de niños/as de 0 a 5 años de edad en los países pobres y que es una causa asicada al 50% de esas muertes. Una gran parte de los que sobreviven quedan afectados en su crecimiento físico por el mismo motivo, y muchos sufren retraso mental. Veinte mil niños quedan ciegos cada año a causa de la deficiencia de vitamina A. Los niños de los países desarrollados no padecen las secuelas de un déficit nutricional. Pero, a pesar de tener a su disposición una amplia variedad de alimentos, si la elección que realizan no es correcta, también ellos están expuestos a sufrir las consecuencias de una alimentación inadecuada.

Enfermedades como el infarto de miocardio, la caries dental o la diabetes están relacionadas más o menos directamente con las costumbres alimentarias vigentes en los países ricos. De ahí, la necesidad, de formar correctamente a nuestro alumnado en materia de nutrición.


...Y PARA MÁS COSAS

En el mundo hay una excitante variedad de alimentos que se pueden preparar de miles de formas distintas para hacerlos más atractivos y tentadores. Los alimentos no sirven sólo para la supervivencia: además pueden llegar a ser, para los artistas de la cocina, todo un medio de creación. También pueden generar cálidas sensaciones de tradición casera y familiar. Numerosas tradiciones nacionales y familiares se basan en la comida. Para muchas personas, las comidas especiales son una forma de agasajo.

La importancia de la comida como símbolo de hospitalidad se nota en el hecho de que prácticamente todas las culturas ofrecen alimento al huésped, a cualquier hora del día.

El tipo de comida puede variar según la ocasión, pero la comida es casi siempre un centro de interés, que sirve como medio para dar la bienvenida a todo el mundo. Los aspectos sociales de la comida se ven realzados por el hecho de que ésta atrae a todos los sentidos. Cuando los alimentos están bien preparados, su aspecto, su disposición, su forma y su color cautivan a la mayoría de las personas. A la estimulación visual se añade el persuasivo aroma de muchos alimentos cocinados.

Estas impresiones incitan a las personas a que disfruten de la plena experiencia sensorial del sabor de la comida. Esta clase de estímulos son absolutamente suficientes para incitar a la mayoría de las personas a comer, estén o no fisiológicamente hambrientas. Los sentidos nos dicen que la buena comida es una experiencia muy placentera.

¿COMER “BIEN” = COMER SANAMENTE?

Por desgracia, la búsqueda de placer a través de las experiencias alimentarias no siempre conduce a una nutrición óptima para la buena salud. Una cantidad excesiva de comida, aunque ésta sea de gran calidad, conducirá a la obesidad. Una cantidad excesiva de unos pocos alimentos, aunque el total no sea superior a las necesidades energéticas de la persona, posiblemente conducirá también a problemas de salud, debido a la falta de determinados nutrientes.

Pero, por suerte, no resulta difícil seleccionar una dieta saludable. Los principios básicos se conocen bien y están al alcance de todos los que deseen aprender cómo hay que comer para tener buena salud. El paso siguiente es muy importante: consiste en comer de acuerdo con estos principios durante toda la vida, no sólo unos días determinados. La inteligencia, el apetito y los sentidos físicos necesitan funcionar conjuntamente para establecer esos hábitos esenciales del comer. La recompensa es grande cuando los hábitos de la buena salud son la rutina normal y diaria.

Durante largo tiempo se ha visto al amante de la buena mesa como un alegre obeso, insaciable devorador de alimentos. Pero el arte del buen comer no tiene por qué contradecirse con la dietética; por muy bien equilibrado que esté un menú desde el punto de vista nutricional, difícilmente tentará el paladar si no está bien cocinado.