EL CAFE Y SU HISTORIA

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¿QUÉ ES LA CAFEÍNA?

Es un alcaloide derivado de uno de los componentes (la purina) del ácido nucleico de las células vivas que se encuentra en las semillas del cafeto y del guaraná, en el cacao y la nuez de cola y en las hojas de las plantas del té y del mate.
 
Estimulante psíquico y psicomotor, sus infusiones actúan sobre el sistema nervioso central y los aparatos nervioso y circulatorio. En menor grado, ejerce también una acción diurética y acelera las secreciones gástricas.
 
Tomada en cantidades tolerables la cafeína despeja la mente del individuo predisponiéndolo al estudio, pero a grandes dosis inclina al insomnio, excitación y a las convulsiones.
 
Las bebidas cafeínicas en cantidades excesivas conducen al hábito y a las demás secuelas de las intoxicaciones crónicas, bien que sus efectos ofrezcan una menor gravedad.

HISTORIA Y LEYENDA DEL CAFÉ

Tal como sucedió con el caballo "árabe", por espacio de muchos años se afirmó que la cuna originaria del cafeto era Arabia. En la actualidad se ha descubierto que los árabes no fueron más que los creadores de su cultivo, al igual que llegaron a criar los mejores équidos del mundo.
 
La verdadera patria del café se halla en el denominado "cuerno de África" al Sur de la antigua Abisinia, hoy Etiopía en un territorio llamado precisamente "Kaffa".
 
Ya en la Baja Edad Media la aromática baya pasó a la península arábiga y de ésta los peregrinos que se dirigían a La Meca la dieron a conocer al resto del mundo islámico cuando de regreso a sus respectivos países ponderaban las excelencias de aquella nueva bebida tomada tanto en los momentos de descanso como durante los rezos junto a la Kaaba y en la tumba de Mahoma.
 
Según una leyenda, a comienzos del siglo XV unos monjes etíopes observaron que las ovejas o los camellos (las versiones no coinciden) de los pastores cercanos a su monasterio permanecían toda la noche en vigilia con una gran excitación, pronto comprobaron que la causa del fenómeno se debía a que los animales injerían grandes cantidades de un misterioso arbusto.
 
Hervidos los granos en agua y tomada la infusión por los monjes no pudieron conciliar el sueño cada vez que realizaban idéntica operación. Viendo en ello el dedo de la Providencia comenzaron a cocer el café y a degustarlo siempre que les era necesario.
 
Fueran árabes o etíopes los que realizaran semejante descubrimiento (que en esto tampoco se han puesto de acuerdo los investigadores) lo más probable es que algunas tribus africanas aborígenes ya conocieran desde épocas muy remotas las propiedades de los maravillosos granos ya que el hombre primitivo es muy hábil en el hallazgo de alcaloides vegetales gracias a que nadie le ha prohibido, desde niño, meterse en la boca cuanto le viniera a las manos.

Los turcos introdujeron el café en Europa.

SE ABREN LOS PRIMEROS CAFÉS

El primer país conquistado por el café después de Arabia fue Egipto, perteneciente en el siglo XVI al Imperio Otomano, por eso pasó pronto a Asia Menor y en 1554, Estambul abrió al público un establecimiento para tomar la nueva bebida.
 
Al poco tiempo los cafés se convirtieron en centros de reuniones políticas y de toda clase de mentideros. Los sultanes intentaron prohibirlos aunque sin resultado positivo, de forma que ante el aumento progresivo de los locales, el gobierno optó por obtener beneficios del cada vez más apreciado estimulante en forma de impuestos y aranceles.
 
Los turcos abrieron también al café las puertas de Europa. Al levantar el segundo asedio de Viena en 1683, abandonaron en el campo de lucha una enorme cantidad de café. Un polaco arriesgado y decidido, un tal Kolszycki, instaló un establecimiento de la citada bebida con el nombre de La Botella Azul.
 
Paralelamente, el grano había invadido el Viejo Continente a través de Venecia, Marsella y Londres y procedente del puerto arábigo de Mokka, nombre que ha apadrinado una clase de café de calidad superior, hasta el punto de haber sido consideradas sinónimas las palabras café y moka.

AMIGOS Y DETRACTORES

A fines del siglo XVII, el embajador turco en París ofreció una brillante recepción cuyo plato fuerte fue un exquisito café artísticamente preparado. Londres siguió el ejemplo y abrió un establecimiento para la degustación popular, siendo imitado a continuación por la propia ciudad del Sena.
 
Leipzig inauguró el primer café de Alemania con el nombre de Der Kaffeebaum (El Cafeto) a los que se añadieron los de Ratisbona y Stuttgart. Sin embargo, los médicos aferrados a la tradición e incluso Facultades de Medicina en corporación, condenaron la nueva bebida, pero no pudieron impedir que ésta se pusiera de moda gracias al general consenso que le había dispensado la alta sociedad.
 
En La Haya el escritor holandés Van Effen abrió por las mismas fechas su propio café, lo cual debe de ser señalado por cuanto a partir de entonces se realizó el singular maridaje entre el café y la literatura. Recordemos en España las famosas tertulias de los cafés madrileños que acogieron a tantas y tantas generaciones de escritores.
 
Bontekoe, médico de cabecera holandés al servicio del Gran Elector prusiano, realizó una gran propaganda de apoyo a la negra bebida, manifestando que su consumo menguaría el del alcohol, cuestión muy discutida por cuanto varios tratados médicos de la época recomendaban tomarla precisamente a continuación de las bebidas espirituosas.

ÁRABES Y TURCOS DEJAN DE MONOPOLIZAR EL CAFÉ

A causa del creciente interés por el café, las naciones decidieron terminar con el monopolio turco-árabe. A tal fin, tras varios ensayos, los holandeses lograron en Java las primeras plantaciones, siguieron a éstas las de la Guayana. Habiendo sido obsequiado el gran monarca francés Luis XIV con un brote de la planta lo remitió a la 'Martinica y a la Guayana de la flor de lis. De ahí se inició la propagación del cultivo del café por tierras americanas, tanto en el Centro como en el Sur aunque limitándose a zonas tropicales o pre-tropicales, donde abundan los bosques o selvas de árboles gigantescos. Precisamente una de las batallas más difíciles en dichos cultivos consiste en que la vegetación selvática se resiste a dejar su sitio a la plantación y casi cada mañana hay que aplicarse a arrancar los grandes rebrotes de la selva.
 
Cuando a raíz de la Revolución, los negros de Haití proclamaron también los principios de "Libertad, Igualdad y Fraternidad", los criollos tuvieron que huir de sus "hermanos" de color y refugiarse en Brasil que pronto se convertiría en el productor mundial de café por excelencia.
 
En Colombia, segundo país productor del mundo, después del gigante amazónico, las primeras semillas fueron sembradas en 1732 por misioneros jesuitas de origen es-pañol.

LA PRODUCCIÓN DE CAFÉ EN LA ACTUALIDAD

Aunque se conocen unas 60 variedades del cafeto. tan sólo se cultivan tres de ellas. El "moka" que nosotros tomamos hoy ya hace tiempo que no procede de Arabia, sino de Colombia, Brasil o Centroamérica o es una mezcla de todos ellos, incluso con el javanés, no solamente por la decadencia de la cuna originaria de la apreciada modalidad, sino porque el citado tipo de granos trasplantados a otro clima, produce al cabo de algún tiempo, una variedad distinta de sabor y aroma.
 
Por otra parte, el cafeto en constante rivalidad con el té, es un arbusto muy delicado y exigente; requiere un clima cálido y uniforme, pero teme al sol demasiado vivo y le va bien el aire fresco de las alturas, si bien debe de hallarse resguardado del viento; pide agua pero no tolera la continua humedad.
 
Es como un niño mimado que deseara permanecer siempre en el regazo de sus progenitores y por ello quisiera tener a su alrededor árboles corpulentos, fuertes y elevados. Delicado y fino, con flores que huelen a jazmín, su distinción y exquisitos modales son de una altura tal, que al ofrecer al hombre sus hermosas y apreciadas bayas lo realiza envolviéndolas cuidadosamente en una telilla de plata, cual regalo de lujo o bombón delicioso. ¿Puede pedirse algo más?
 
Caprichosamente aristócrata, el café subvertió los valores económicos de Brasil cuando a lo largo del siglo XIX se transformó en el primer producto agrícola del citado país en régimen de monopolio. Desgraciadamente, y a pesar de sus más vivos deseos, las denominadas "cofradías del café" de Europa y América, protectoras de los plantadores, no pudieron consumir la deliciosa infusión en las cantidades necesarias.
 
Cada vez fue mayor el número de fieles de la negra bebida; pero el número de cafetos que crecía fue tal que por último superó al consumo. El "crac" del café fue un hecho y arrastró a la economía brasileña. Fue necesaria la intervención gubernamental y hasta llegar a quemar la mayor parte de las cosechas para la revalorización del producto. Crisis que se volvió a repetir varias veces a lo largo del siglo XX.
 
Las consecuencias en el resto de países asiáticos y africanos cosechadores: Indonesia, India, Filipinas, Costa de Marfil, Etiopía, Uganda, Kenya, Madagascar, etc., no se sintieron con tanta intensidad, puesto que no se habían dejado arrastrar por el "monocultivo", tampoco sucedió en los restantes Estados de Centro y Sudamérica: México, El Salvador, Guatemala, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela...